14 dic 2010

Comienzan a recoger animales muertos por lluvias en Guajira

La recolección de los animales muertos tras las inundaciones en La Guajira comenzó ayer. Los primeros trabajos se hicieron vía terrestre en la periferia de los centros poblados aledaños a la Laguna de Sinamaica. Para hoy se prevé sobrevolar la zona a fin de verificar dónde se acumuló la mayor

La recolección de los animales muertos tras las inundaciones en La Guajira comenzó ayer. Los primeros trabajos se hicieron vía terrestre en la periferia de los centros poblados aledaños a la Laguna de Sinamaica. Para hoy se prevé sobrevolar la zona a fin de verificar dónde se acumuló la mayoría de cadáveres y llegar hasta ellos en lanchas. Hay lugares a los que aún no han podido acceder.


Dionel García, director de la Policlínica Veterinaria Universitaria, explicó que buscarán una fosa común para enterrar los cuerpos. Colocarán cal o arena encima con una altura promedio de 40 centímetros, según lo establecen las normas de higiene y seguridad. La incineración está prevista, pero sólo para casos puntuales. "El sol acelera la descomposición de los cuerpos; mientras que la humedad prolifera la presencia de vectores contaminantes del agua y alimentos, y a su vez transmisores de enfermedades, como las moscas y zancudos".

El centro de operaciones está ubicado en Sinamaica. Es un trabajo conjunto de la Alcaldía de La Guajira y la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad del Zulia. Los especialistas también atienden los casos de animales heridos, focos de infecciones y portadores de enfermedades si no reciben la atención adecuada.

Riesgo de enfermedades

El riesgo sigue latente. Un brote de enfermedades diarreicas, de la piel y respiratorias agudas es sólo uno de los escenarios que se puede presentar en las zonas afectadas por las inundaciones. La humedad que reina en los poblados, aunado a las dificultades de acceso, hace inviable hasta una jornada de vacunación. La única solución es desalojar.

Johny Chollett, coordinador regional de Higiene de los Alimentos, explicó que debido al desbordamiento de los ríos y la muerte de animales, así como por la gran cantidad de pozos sépticos que hay en la zona y el cementerio que quedó expuesto, las aguas están altamente contaminadas de microorganismos que pueden afectar la salud al mínimo contacto. Permanecer allí es un peligro.

"La materia fecal de los pozos sépticos, así como los microorganismos y bacterias que se desprenden de los cadáveres que quedaron expuestos está mezclada con el agua que va bajando. Si esa agua es aspirada, si la gente se mete allí, se cae o la prueba, está consumiendo ese contenido y su salud se puede ver afectada por diferentes vías".

A pesar de que no se ha presentado el primer caso, resaltó el riesgo de cólera en la zona. En los refugios se han detectado casos de diarrea, fiebre y gripe. El contagio de brucelosis quedó descartado, ya que la enfermedad muere con el animal. "Muchas personas tomaron conciencia y desalojaron sus hogares; otras no quieren salir de la zona, y sin la protección adecuada se pueden enfermar sólo por estar allí".

A punto del colapso vía a Caimare Chico

Leopoldo Márquez. El sol ya salió en la Guajira Venezolana. Las aguas están bajando, pero a medida que los niveles descienden, los daños ocasionados por las lluvias son más notorios. La vialidad de la entidad es uno de los aspectos más golpeados. Ayer, Hébert Chacón, alcalde del municipio Guajira, informó que la carretera que conduce hasta Caimare Chico ha cedido. El paso por la vía es un peligro y podría desplomarse en cualquier momento, lo que dejará al sector Los Hermanitos incomunicados.

Informó que el agua sigue por encima del nivel de la carretera en cinco tramos de la vía Sinamaica-Paraguachón. Esperan poder solucionar lo más pronto posible el problema de la vialidad, para así optimizar la distribución de alimentos y el acceso a los refugios.

De igual forma, Chacón comentó que en la mañana de ayer se reunieron los tres alcaldes que conforman la Guajira Venezolana y pactaron un plan de reconstrucción, que se implementará en los próximos días y atacará primeramente los problemas del saneamiento ambiental, la salud animal, la recolección de los animales muertos, la vacunación de personas y la atención medica.

Expertos estadounidenses evalúan inundación en Atlántico

La ruptura del Canal del dique agudizo la emergencia causada por el invierno, sumando más de 94 mil damnificados, 60 mil cultivos arrasados, igual número de cabezas de ganado perdido y cinco pueblos literalmente bajo el agua.

El canal del Dique ubicado en el departamento de Atlántico, en la Costa Norte, es una carreta fluvial de 113 kilómetros de largo alimentada por el ríoMagdalena, que en epocas normales le aporta siete mil metros cúbicos de agua por segundo y en invierno 12 mil.

La fuerte temporada invernal de este año hizo que se desbordará su capacidad dado que está recibiendo 17.800 metros cúbicos de agua por segundo, lo que no tiene antecedentes en la historia desde su construcción.

Mientras avanzan con dificultad las labores de reconstrucción del canal, ingenieros hidráulicos estadounidenses están evaluando la situación, y hoy presentarán un informe de cómo sacar el agua de las poblaciones en el menor tiempo posible.

"Es necesario que la ingeniería mundial actúe pronto, que tal como ocurrió con los 60 mineros de Chile aparezcan ideas y maquinaria adecuada para taponar el boquete en menos de los 15 días", aseguró el Gobernador del Atlántico Eduardo Verano.

Las lluvias dejan casi dos millones de damnificados de 648 poblaciones en 28 de los 32 departamentos del país, así como 248 heridos, 143 desparecido y 194 muertos. Además 320 mil menores de edad han tenido que suspender las clases ya sea por inundación, o porque los centros educativos están siendo usados como albergues.

El Gobierno Nacional, que decretó la emergencia social, ecológica y económica para atender la emergencia estimó que las pérdidas por la misma ascienden a 5.300 millones de dólares.


Fuente

13 dic 2010

Aumenta nivel de lluvias por cambio climático


Es un riesgo para el ecosistema de Puebla, advierte especialista de la UDLA; aseguró que todavía se puede hacer algo para mejorar las condiciones atmosféricas.

Como consecuencia del cambio climático, en Puebla aumentaron en 20 por ciento los niveles de la precipitación pluvial en los últimos 20 años, así lo reveló el catedrático de la Facultad de Ingeniería Química y Alimentos de la Universidad de las Américas Puebla (Udlap), René Reyes.

Según explicó el especialista, esta situación representa un factor de riesgo para el ecosistema de la entidad de ahí el llamado a la población para reducir el nivel de gases contaminantes que se arrojan a la atmósfera.

De acuerdo con el investigador, los gases de dióxido de carbono emitidos en el mundo han contribuido al cambio del clima a nivel global, pero también Puebla ha favorecido este panorama al tener una deforestación anual promedio del 10 por ciento, aumentando además los riesgos de deslaves, erosión y azolve de ríos y presas.

Así, con base en las investigaciones que realizó como parte de la tesis titulada, “Estudio Dinámico del Sistema Ambiental de la Presa Necaxa”, René Reyes mencionó que al tener los ecosistemas del estado cierta tendencia a absorber agua se ha venido generando una situación que a la larga llegaría poner en problemas algunos ecosistemas de las sierra Norte y Negra.

Con base en la serie de análisis que en torno al tema ha realizado el especialista, mencionó que un claro ejemplo de las consecuencias es la presa de Necaxa, esto porque sostuvo que se prevé que en los próximos 30 años la calidad y la cantidad de agua se reducirán.

Señaló que de acuerdo con las investigaciones que realizó la Udlap, los cambios en el clima comenzaron a vislumbrarse desde 1990 y aseguró que todavía se puede hacer algo para mejorar las condiciones atmosféricas.

Mencionó que es responsabilidad de todos los sectores sociales el contribuir a esta reducción de contaminantes y tener un mundo libre de gases que ensucian el ambiente.

Fuente

Bohórquez, un pueblo 'fantasma' por las inundaciones en el Atlántico


En este pueblo semisumergido, patrullan en canoas para evitar que se les roben lo poco que queda.

En Bohórquez, 'Joe' es el último perro que mantiene las fuerzas para ladrar y mostrar los dientes a quien se le acerque. Los huesos de sus costillas se asoman sobre el cuero pálido, el hambre amenaza con doblegarlo, pero el animal resiste y se mantiene amenazante cuando un extraño se le acerca.

Desde que comenzó la inundación del pueblo, por la ruptura del canal del Dique, al animal lo mantienen amarrado en un poste al lado de la carretera Oriental por temor a que corra la suerte de otros perros: morir bajo las llantas de un carro o de hambre.

Su dueño, Frajid Valencia, sólo lo suelta por las noches cuando sale con un grupo de vecinos a patrullar en canoas el pueblo, para evitar que los ladrones destechen las casas y se lleven las láminas de Eternit.

Frajid y 'Joe' encabezan el frente de seguridad conformado por una veintena de hombres que, armados de machetes y trancas, salen a vigilar en 15 canoas las 6 calles del pueblo y las 300 casas que están bajo las aguas del canal.

Bohórquez es un corregimiento ubicado a 10 kilómetros de Campo de la Cruz, uno de los cinco municipios del sur del Atlántico inundados por el rompimiento del canal del Dique el pasado 30 de noviembre, situación que mantiene a 80.000 damnificados hasta el momento.

Desde el aire sólo se puede ver la torre de la iglesia, los techos de las casas y algunas cruces del cementerio. La taruya cubre las calles como un tapete verde por el que se mueven serpientes, bichos y hasta caimanes, que la fuerza del río sacó de sus madrigueras.

Pero los pocos habitantes que se resisten a dejar a Bohórquez no les temen a los peligros de la naturaleza, sino a los delincuentes que intentan destechar las casas o llevarse los enseres que hay en ellas.

Muchos no quieren irse, pues allí lo tienen todo; por eso, han armado cambuches a lado y lado de la carretera, sobre improvisados terraplenes que frenan el agua del río Magdalena, que también amenaza con metérseles.

Ese es el caso de Vergel Ortega Mercado, un campesino de 73 años que nació en este pueblo de pescadores y agricultores. "No tengo nada bueno: amarré todo al techo, las camas, las ollas y los muebles, las fuerzas no me alcanzaron pa' subir la nevera porque ese animal sí pesa", dice.

El viejo armó su carpa con un plástico negro en donde tiene un par de chancletas, dos sábanas, pedazos de cartón que le sirven de cama, y un par de ollas. Afuera tiene un corral con 30 gallinas, su máximo capital, las cuales se resiste a vender.

"Falta mucho tiempo todavía para que el agua baje. Hay que esperar para ver dónde termina la tragedia", subraya el hombre, que asegura que compró cada gallina a 12.000 pesos y ahora le están ofreciendo 4.000 por animal.

La soledad

Las personas que quedaron en Bohórquez no saben, ni les interesa, si es diciembre. Las luces de Navidad mucho menos se ven, pues desconectaron la energía eléctrica.

"No tenemos ambiente para celebrar; sólo queremos que nos ayuden", dice desconsolada María Angélica Romero, madre de tres niños.

Perros famélicos rondan por todos los lados. Los gallinazos, las garzas y los patos silvestres son los que disfrutan del 'manjar' que la naturaleza les sirve; mientras los primeros devoran los restos de vacas, burros, perros y gallinas ahogadas o muertas de hambre, los otros hacen su festín con la cantidad de peces en medio de las aguas.

La situación es preocupante para los funcionarios de Salud Pública de la Gobernación del Atlántico, que el viernes comenzaron a recorrer la zona tomando muestras de los perros muertos para la investigación que llevan sobre el mal de rabia.

"La cobertura en el sur es del 80 por ciento, pero están llegando animales de las fincas que no fueron vacunados", dice Jaime Ruiz, coordinador de Zoonosis, quien teme por un brote de rabia en esta zona.

Algunos campesinos que recuperan vacas en las zonas anegadas las llevan hasta la margen de la vía y, si no encuentran comprador, las sacrifican allí mismo.

"Hay mucha hambre y no nos podemos dar el lujo de esperar a que aparezcan los dueños del animal", señala Miguel Antonio Méndez, un fornido campesino que durante seis horas luchó con un becerro para sacarlo del agua.


Fuente

Piden ayuda para los damnificados


Los habitantes de Itapúa Poty, Edelira y Capitán Meza, del Dpto. Itapúa, necesitan con urgencia materiales para reconstruir sus viviendas. Hay cientos de familias damnificadas por un tornado que azotó la zona el sábado último. Ayer se registraron nuevamente lluvias y fuertes vientos.

El gobernador de Itapúa, Juan Afara (ANR), señaló que se necesitan ladrillos, tejas, cemento y arena, para reconstruir o reparar las viviendas dañadas por el temporal. Se llegó a esta conclusión después de una evaluación primaria de los daños causados por el temporal en los distritos de Itapúa Poty, Capitán Meza y Edelira.

Ayer, en horas de la mañana, por segundo día consecutivo, se registraron fuertes lluvias y vientos en esta capital departamental y gran parte de la zona del nordeste de Itapúa. Esta es precisamente la parte más castigada por el tornado de la madrugada del sábado.

Las precipitaciones complicaron las tareas de reparación de viviendas dañadas y puentes destruidos.

Un móvil de salud de la Gobernación, con la cooperación de las municipalidades de los tres distritos más afectadas por el meteoro, fue instalado en el lugar denominado Pirapey 41, distrito de Edelira, sobre la Ruta VI, en la estación de servicio Susik.

Desde este lugar se brinda atención sanitaria a los afectados, y se coordinan las tareas de asistencia a las familias damnificadas. Las brigadas de jóvenes también ayudan en la reconstrucción de las casas.

Una rápida evaluación de daños da cuenta de que en el distrito de Edelira fueron afectadas al menos 200 casas, en Capitán Meza 32, y en la compañía León Guaraní, distrito de Itapúa Poty, alrededor de 20 viviendas fueron seriamente dañadas o destruidas en su totalidad.

A esto se suman varios silos de granos desplomados, al menos 41 postes del tendido eléctrico de alta tensión derribados, que dejó sin el servicio de energía eléctrica a toda la zona. También la destrucción de al menos 4.500 ha de cultivos de soja, maíz, girasol y rubros de consumo.

La Gobernación informó que hasta ahora distribuyó 1.000 chapas, 10.000 ladrillos y un número igual de tejas, además de 100 bolsas de cemento para las tareas de reconstrucción de las viviendas, pero las necesidades son mayores. Ayer llegaron dos camiones de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) con chapas y carpas, que son distribuidas para paliar la situación.

“Pese a la magnitud del desastre, por fortuna no tuvimos víctimas humanas, sino solo una mujer sufrió la rotura de una pierna”, expresó Afara.

A modo de anécdota, relató que una anciana de 96 años que vive sola con un hijo, en la localidad de Pirapey 41, salvó su vida al entrar debajo de la cama en momentos en que la vivienda que ocupaba se derrumbaba. La mujer se encontraba sola en el momento en que el tornado se abatió en la zona, alrededor de las 02:00 del sábado.

Emergencia

Las autoridades comunales de Itapúa Poty, Edelira y Capitán Meza formalizarán, esta mañana ante la Gobernación un pedido de apoyo para declarar las zonas afectadas “en emergencia”, lo que les permitiría canalizar ayuda oficial extraordinaria.

Fuente

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Lo más leido