Medio pueblo de Mapleton, en Iowa, en ruinas y daños incuantificables dejó un fuerte tornado que destruyó casas y varias construcciones a su paso durante el fin de semana sin que se reportaran víctimas, informaron ayer autoridades.
El alcalde Fred Standa, dijo que un lado de la ciudad fue golpeado más que el otro, pero que en general creía que un 60 por ciento de la población había sufrido daños. Estima que alrededor del 20 por ciento del pueblo quedó “casi plano”.
“Fue enorme, simplemente enorme”, dijo Thomas Mohrhauser, un abogado que vive en la población de mil 200 habitantes. “Se hacía cada vez más grande”.
Mohrhauser indicó que el tornado parecía tener 400 metros de diámetro cuando atravesó el pueblo la noche del sábado.
El subjefe de policía del condado de Monona, Roger Krohn, dijo al periódico local Sioux City Journal que hasta 60 por ciento del pueblo quedó destruido o dañado.
LESIONADOS. Por otra parte, el especialista Van DeWald, del Servicio Meteorológico Nacional, confirmó que Mapleton, ubicada a 64 kilómetros al sureste de Sioux City, recibió “un daño considerable” por el tornado que golpeó la zona a las 19:20 horas locales del sábado.
Reportes refieren que el tornado arrancó el techo de una escuela, derribó cables de electricidad y destruyó varias casas y edificios. Las autoridades dijeron que tres personas recibieron atención médica por lesiones menores en el Centro de Salud Burgess, de Onawa, a unos 32 kilómetros de Mapleton.
11 abr 2011
Tornado deja en ruinas medio pueblo de Iowa
Debilitados 135 kilómetros de bordo chontal
Los proyectos de dragado y espigones han fracasado; ‘imposible terminar por ductos activos que lo cruzan’.
Si la Comisión Nacional de Agua pretende reactivar el dren Samaria-Golfo en los municipios que comprende la "olla de La Chontalpa", tiene la obligación de realizar el reforzamiento de bordos, dragado de otros sistemas de drenes, construcción de espigones, señalaron autoridades de Protección Civil y delegados municipales de los municipios de Jalpa, Nacajuca y Cunduacán.
Cientos y quizás miles de habitantes de los municipios de La Chontalpa Chica, de Cunduacán, Jalpa de Méndez y Nacajuca, se encuentran en riesgo de inundarse rápidamente de desfogarse aguas del río Carrizal, a través de la compuerta del Macayo hacia el río Samaria, debido a que el "bordo de contención" de 135 kilómetros que los protege desde hace años no ha sido reforzado y alzado, ni dragado el afluente que está azolvado desde hace varios años.
"Nos damos cuenta que ha subido un poco el nivel de agua sobre el afluente del bordo izquierdo de contención del río Samaria a causa de la apertura inicial de una de las cortinas de la compuerta del Macayo, las partes que incluso estaban secas, ahora ya están crecidas, desconocemos hasta qué punto podremos soportar las descargas de agua del río Carrizal hacia el afluente del Samaria en las comunidades de Cunduacán, Jalpa de Méndez y Nacajuca", reveló Ignacio Gómez Alvarez, delegado municipal de la comunidad Tierra Adentro segunda sección.
Dijo que las autoridades estatales y municipales les prometieron que se levantaría el “bordo de contención” que los protege del río Samaria en temporada de inundaciones. “Hasta ahora no han iniciado ningún trabajo en toda la zona que protege a Cunduacán, Jalpa de Méndez y Nacajuca”, remarcó.
Y abundó en que son decenas de kilómetros de construcción de bordo, que incluso se ha utilizado como carretera, inicia en Cunduacán al pasar por las comunidades Los Cerros y Dos Ceibas, por Jalpa en Tierra Adentro primera y segunda y por varias comunidades indígenas de Nacajuca, hasta desembocar a la zona lagunar por los campos petroleros SEN.
“Desconocemos de los trabajos sobre el bordo y dragados del afluente izquierdo, debido a que actualmente están azolvados, nos dijeron que para el mes de marzo de este año y ya estamos en abril”, reiteró.
Tenemos un plan...
“Sabemos de la magnitud de este problema en que se encuentran comunidades de Jalpa de Méndez, Nacajuca y Cunduacán, pero estamos preparados por alguna inundación emergente, vamos a informar sobre cualquier acción que se presente en esta zona, contamos con el plan operativo de protección”, dijo Ever Jiménez de la Cruz, de Protección Civil de Jalpa.
El proyecto Samaria-Golfo desde los 80's
Para delegados municipales de de “Los Cumuapa”, este tipo de trabajos sólo aumenta la erosión que se presenta en las márgenes de este afluente, y el cual han dejado sin vías de comunicación a tres comunidades.
Dentro de los pendientes que la CNA tiene en Cunduacán, mencionaron que se encuentra la rehabilitación de los bordos derecho e izquierdo, construcción de espigones en las comunidades de San Pedro y Cumuapa tercera, donde las corrientes del río Samaria se han llevado caminos.
Hay que señalar que el llamado dren Samaria-Golfo de México, que tendría una extensión de 50 kilómetros, fue concebido mucho tiempo atrás como un complemento de la presa de Malpaso. El proyecto se retomó en los años 80.
Suman 353 muertos por intensas lluvias en Colombia

Bogotá.- En casi un año, el país ha sufrido deslaves y desbordamiento de ríos
La cifra de muertos por las intensas lluvias que azotan a Colombia desde mayo del año pasado llegó a 353, con el fallecimiento de otras cuatro personas en deslizamientos de tierra que se registraron hoy en la norteña ciudad de Medellín.
El subcomandante del Cuerpo de Bomberos local, Héctor Vidal, dijo a periodistas que la tragedia se registró luego que toneladas de lodo y piedra sepultaran varias casas de un sector de Medellín, la segunda ciudad en importancia del país.
La fuente informó que tres de las personas murieron en el sitio afectado por el alud y una cuarta fue rescatada con vida, pero falleció cuando era atendida en un centro de salud de la región.
Los deslaves y desborde de ríos dejan desde mayo de 2010 a la fecha un total de 353 muertos, 463 heridos, 69 desaparecidos y dos millones 791 damnificados en 28 de los 32 departamentos colombianos.
El Instituto de Hidrología y Estudios Ambientales (Ideam) mantuvo este domingo la alerta en gran parte de Colombia, tras advertir que abril será 'difícil en materia de emergencias' por las lluvias que golpean al país.
'El río Magdalena (el principal de Colombia) está en alerta roja, lo mismo que el Cauca, y va a seguir lloviendo en los próximos días en gran parte del territorio nacional', dijo Ricardo Lozano, director de la entidad.
Energía nuclear y cambio climático
La mayoría de las centrales nucleares están situadas en las costas porque necesitan grandes cantidades de agua que garanticen la refrigeración Esto provoca que sean mas vulnerables al cambio climático y los desastres nucleares. Asimismo, ríos y lagos, acarrean grandes problemas ecológicos.
Todos los generadores de energía, incluidas las centrales de carbón y gas, requieren grandes cantidades de agua, pero la energía nuclear aun mas. El agua ayuda en el proceso de refrigeración. Por eso, las sitúan a lo largo de las costas. Sin embrago, a causa del cambio climático el nivel de los océanos se esta elevando y los desastres naturales como maremotos, huracanes… están resultando mas frecuentes. En consecuencia, los reactores costeros se exponen a problemas como los sucedidos en Fukushima. Otro ejemplo esta en la costa británica. En 1992 el huracán Andreu causo daños en la central nuclear de Turkey Point, aunque no llegó a afectar en su funcionamiento.

El dilema de la energía nuclear es que necesita grandes cantidades de agua en un mundo donde la escasez de agua dulce es una amenaza internacional cada vez mayor. La disponibilidad de este bien, es la primera de las consideraciones que se tienen en cuenta cuando se construyen centrales, así como las fallas geológicas o la proximidad de ciudades. “Dos quintas partes de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros de las costas por lo que no resulta fácil encontrar emplazamientos costeros adecuados para iniciar la aplicación de un programa de energía nuclear”, explica Mariano Ruiz, ecologista. Aun así, las centrales nucleares siguen subsistiendo gracias a las subvenciones estatales.
Las enormes cantidades de agua local que consumen estas centrales pasan a ser corrientes de agua caliente, que bombean a los ríos, los lagos y los océanos Tierra adentro, los suministros de agua pueden ser más vulnerables a las olas de calor, las inundaciones, los cambios de temperatura y los fallos en presas.

Al fin y al cabo, al cambio climático. Temperaturas muy altas pueden matar a los peces y el resto de la vida de un río, pero además pueden reducir el suministro de líquido para la energía de las plantas. Durante la ola de calor de 2003, Francia detuvo las operaciones de 17 reactores nucleares por el rápido aumento de las temperaturas de los ríos y lagos. En 2006 se desconecto el reactor de Santa Maria, en España, por mas de una semana a causa de las altas temperaturas en el río Ebro. Estas circunstancias fruto del clima, impidieron a las industrias nucleares suministrar la energía necesaria a Europa, que creó una demanda máxima de electricidad por el uso masivo del aire acondicionado. Las centrales nucleares ubicadas junto al mar no afrontan problemas similares en situaciones de calor, pues el agua de los océanos no se calienta con la misma rapidez que lagos y ríos Ademas, al contar con agua de mar, no provocan escasez de agua dulce. Sin embrago, como se ha demostrado en Japón, las centrales nucleares en costas afrontan un peligro mas grave al recibir un impacto directo.
La ONU confirma que hay motivos para que el pánico nuclear se extienda por el mundo. Lo acontecido en Japón ha afectado a las centrales nucleares de muchos países. Hasta el punto de que el atractivo nuclear ha disminuido considerablemente en Occidente. Antes del accidente de la planta Fukushima existían iniciativas para construir 60 plantas nuevas, 40 de ellas en Asia y diez en Rusia. China tenía una meta ambiciosa que consistía en construir 27 plantas nuevas que se añadirían a las 13 ya existentes. En América latina, el desarrollo nuclear es modesto. Cuenta con tres plantas en Brasil, tres en México y dos en la Argentina. Todos estos proyectos se han quedado en castillos en el aire. La evaluación final del reciente accidente en Fukushima no ha concluido aún, pero es previsible anticipar que, por el peso de la opinión pública, se establezcan normas más rigurosas y se reduzca la expansión de la energía nuclear. Sin embargo, si atendemos a lo sucedido en 1979 en la Central de Three Mile Island (Estados Unidos) o la fusión de Chernobil en 1986, se observa que después de aquellos accidentes los defensores de la energía nuclear acabaran volviendo a la carga.
En tiempo de desastres

Los enfoques de las Ciencias Sociales fijan su atención sobre aproximaciones científicas que apuntan a una visión interdisciplinaria del manejo del desastre y hacen énfasis sobre el trauma o estrés que produce en la sociedad.
Hoy, gracias a la creciente influencia de los medios de comunicación, la población mundial percibe el futuro con sensación de inestabilidad, angustia e inseguridad, convencidos de que fenómenos naturales de gran magnitud destruirán nuestro entorno. Bajo el auspicio de los medios de comunicación globalizados, se divulga información especializada a través de un justificable lenguaje mitigador de la tragedia, salvo excepciones, como si se tratase de un fenómeno solo ‘preocupante’, ‘de menor cuantía’, ‘de calma racional’ o de un asunto que depende de la labor eficiente de las autoridades, de la generosidad del corazón de la ciudadanía y de la solución creativa del problema por parte de los ingenieros.
Sin embargo, frente a la magnitud del fenómeno natural no predecible persiste esa sensación de impotencia, miedo, resignación y reconciliación espiritual. Nos consolamos al transferir la causa de las catástrofes naturales a la voluntad divina o a la incapacidad tecnológica de predecir tales eventos. Culpamos a los diseñadores y ejecutores de proyectos urbanísticos, agroindustriales, turísticos y a los genios que inventan megaestructuras energéticas radioactivas, mineras y petrolíferas que obnubilan el futuro de todos.
Estas catástrofes se repiten, como si formaran parte de un ‘cronograma geo-cósmico natural de devastaciones cíclicas’, casi como cumplimiento de las predicciones mayas del fin del mundo. Esta realidad conmociona, provoca lágrimas de tristeza y conmiseración para con las víctimas, salvo excepciones, como los 33 mineros de Chile cuyo desenlace final generó alegría por el aparente triunfo del hombre sobre las consecuencias de la depredación de las profundidades de la madre tierra.
Los huracanes en el Caribe y Centroamérica, con sus inundaciones y deslaves, el huracán Katrina, el tsunami de Sumatra, el devastador terremoto en Haití y ahora, el funesto terremoto–tsunami radioactivo en Japón, representan algunas de las tragedias de gran magnitud que han impactado recientemente y sin misericordia a la humanidad. A éstas se suman las tropicales calamidades panameñas que nos han hecho despertar de un sueño de inmunidad geográfica a una pesadilla, desde el momento en que nos hemos visto obligados a aceptar la pérdida de calidad de nuestra agua, que no es ‘la mejor del mundo’, como hemos afirmado con falso orgullo, y que somos tan vulnerables como cualquier otro país bajo la furia de un sin número de inundaciones en nuestras ciudades y comunidades rurales.
Los dilemas de la prevencion
Actualmente, los efectos de los desastres naturales sobre la estructura socioeconómica y las organizaciones humanas, nos ubican, una vez más, frente al gran dilema de las relaciones entre la sociedad en general y el medio ambiente, al cual, se afirma, hay que dominar a través de la magnificencia creada por la tecnología humana.
De allí que los países más desarrollados han hecho ingentes esfuerzos por edificar una sólida organización antidesastres y de protección civil para salvaguardar a sus ciudadanos de calamidades, incrementando los sistemas de prevención y alarma, atención de emergencias y apoyo de reconstrucción posterior al desastre.
A través de estudios, investigaciones e inversiones sustantivas se vienen estructurando propuestas con base a la identificación de las causas y consecuencias de estos fenómenos, diseñando las políticas públicas urbanísticas y rurales, de preservación del medio ambiente y la biodiversidad, disminución y control de la contaminación, disposición y manejo de la basura, drenajes, etc., antes irrelevantes.
Los países caribeños, en especial las Antillas, prestan mayor atención a su realidad histórica, cultural y natural, vinculada a los huracanes atlánticos, para lo cual han puesto en práctica mecanismos interdisciplinarios de cooperación, tendientes a mitigar, en su concepción integral, el flagelo de sus recurrentes ciclones.
En función de esa proyección preventiva, están afiliados a organizaciones dedicadas a mitigar la envergadura del impacto de los desastres, como el Centro Regional de Información sobre Desastres (CRID), se adhieren a entidades como el BID – CEPAL y otras, para la realización de seminarios, capacitaciones, actividades orientadas a perfeccionar la administración del socorro, prevención del desastre, control de suministro, epidemiología, ingeniería, reconstrucción, etc.
Sin embargo, aún hay países tercermundistas que no han experimentado directamente estas funestas vivencias y no cuentan con estudios e investigaciones que suministren información e insumos científicos a los gestores y organizaciones que deben divulgar, anticipadamente, medidas de prevención, respuesta inmediata y tratamiento a estas situaciones. Se trata de un asunto de cultura general, de historia, formación, conciencia y hasta de respeto del concepto de cooperación y, por ende, de salvaguardar la vida misma.
Los enfoques metodologicos
Los estudios relacionados con los desastres naturales han sido objeto de diversos enfoques metodológicos. Veamos.
Algunos se enfocan en la prevención, que muchas veces se puede evitar a través del conocimiento de la resistencia de las estructuras de viviendas y edificios, puentes, vigas, esclusas del Canal de Panamá. ¿Existe algún plan o proyección operativa de prevención y auxilio frente a un mega fenómeno?
Otros se centran en la reconstrucción y atención de damnificados. Ello requiere de una compleja y coordinada capacitación humana y de infraestructura, lo cual implica disponibilidad presupuestaria. ¿Hay medidas de contingencia y personal capacitado para responder a tales requerimientos?
Hay enfoques políticos que analizan situaciones propiamente nacionales o internacionales como actitudes individuales estructuradas para ganar adeptos. ¿Estamos políticamente, en el sentido generoso del término, preparados para enfrentar una situación de emergencia y culturalmente solidarios ante tales eventos?
La crisis del petróleo es otro enfoque analítico que involucra sus lógicas secuelas económico-sociales. ¿Estamos listos para enfrentar, sin traumas, la falta o ausencia de crudo frente a una catástrofe provocada por humanos o por la naturaleza?
Los enfoques de las Ciencias Sociales fijan su atención sobre aproximaciones científicas que apuntan a una visión interdisciplinaria del manejo del desastre y hacen énfasis sobre el trauma o estrés que produce en la sociedad.
Los comportamientos humanos, durante y después del desastre, están en correspondencia con su magnitud, en sí mismos, impredecibles, cuyas secuelas pueden desencadenar diferentes reacciones y comportamientos, como la fuga, inmovilidad, apatía, depresión, docilidad, dependencia, rabia, agresión, euforia, ausencia de valores, etc., dentro de un contexto psico-social y un entorno socioeconómico, no indiferente a las ciencias sociales.
El Sistema de Protección Civil de Panamá (Sinaproc) tiene la última palabra.
Es importante registrar también la manera como los medios de comunicación social deben manejar estos hechos para evitar incrementar los miedos, la incertidumbre ante lo impredecible, la impotencia y reacciones a futuro, que dificultan concretar una respuesta racional a estos peligros naturales.
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