14 mar 2011

Japón: desastre natural y riesgo económico

El devastador terremoto que se registró este viernes en Japón (8.9 grados en la escala de Richter), seguido de un tsunami, ha arrojado, además de una destrucción material todavía incalculable, un saldo que hasta ayer rebasaba los mil muertos y miles de desaparecidos, pero que varía constantemente. La pérdida de vidas humanas es, por definición, irreparable y dolorosa, y resulta significativo de la magnitud del fenómeno que esas muertes se hayan registrado –a diferencia de lo ocurrido con otros episodios similares– entre una población que cuenta con una reconocida organización y cultura sísmicas, y en un país cuyo gobierno ha invertido, ante las determinantes geográficas de su territorio, cuantiosas sumas en el diseño e implementación de planes de desalojo y contingencia ante los terremotos.

Además del saldo en vidas humanas, y conjuradas en apariencia las posibilidades de que el desastre natural tenga repercusiones severas en otros territorios peninsulares y continentales del océano Pacífico, un factor principal de preocupación en la hora presente es que lo ocurrido en Japón derive en afectaciones de índole económica a escala mundial. El terremoto se tradujo, desde ayer, en una caída de los mercados bursátiles del sureste asiático y de Europa, y en la baja en las cotizaciones internacionales del petróleo, como consecuencia de los daños sufridos por las refinerías del país asiático, el segundo importador neto de crudo en el mundo.

Más allá de esos efectos inmediatos, cuyo alcance podría ampliarse o reducirse en las próximas horas, la destrucción de capital físico y de infraestructura en Japón, en conjunción con la paralización de sus actividades productivas, condiciona severamente el proceso de recuperación económica en que se encontraba ese país –la tercera economía mundial detrás de Estados Unidos y China–, de por sí afectado por deficiencias estructurales: una deuda pública considerable, que duplica el tamaño de su producto interno bruto –la más grande de un país desarrollado– y un déficit económico que ronda 10 por ciento. Tales indicadores condicionan y estrechan el margen de maniobra del gobierno encabezado por Naoto Kan para los trabajos de rescate y reconstrucción, y también colocan a la nación asiática en la perspectiva de una desaceleración económica.

El panorama no es alentador para una economía mundial que, tras los descalabros de 2008-2009, ha tenido una recuperación por lo menos accidentada, y que actualmente enfrenta factores de preocupación por las revueltas del mundo árabe –y la consecuente inestabilidad para las cotizaciones petroleras– y por la crisis de deuda que aqueja a varias naciones de la eurozona. Ahora, con la devastación en Japón, es posible que las afectaciones a la economía planetaria se extiendan más allá de los mercados especulativos, y que incidan en las actividades productivas e industriales, ante la reducción o el encarecimiento de las exportaciones japonesas en rubros como el automotriz, la electrónica y la industria del acero. Por lo que hace a México, el escenario debiera ser un llamado de atención para los encargados del manejo económico y de la política comercial del país, pues Japón representa su tercer proveedor de importaciones y su octavo comprador de exportaciones, además de que cuenta con una participación importante en el monto de inversión extranjera directa que llega a territorio nacional.

La contingencia inmediata demanda una rápida reacción del gobierno japonés y de la comunidad internacional para ayudar a esa nación, a sus damnificados y a las familias de las víctimas. Pero, en el mediano plazo, se impone la necesidad de que los gobiernos del mundo –particularmente los de países pobres y dependientes como el nuestro– avancen en una doble planificación: ante la posibilidad de fenómenos naturales similares en el propio territorio y ante los efectos económicos que pudieran derivar de esos episodios.

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Desastres naturales: la nueva normalidad económica

Sequías e inundaciones se están haciendo más frecuentes y costosas. Mientras la recuperación tras un terremoto suele ser rápida, el efecto de desastres climáticos es más persistente, como ocurre hoy con el alza de los alimentos.

Un terremoto suficientemente fuerte para dejar un millón de damnificados y matar a 220 mil personas en Haití en enero del año pasado fue seguido en noviembre último por un huracán con vientos de 180 km/hr. En medio de ese lapso, varias catástrofes se sucedieron alrededor del globo: el terremoto de Chile en marzo y uno en China en abril (a solo dos años del previo) antecedieron unas lluvias monsónicas en Pakistán (julio) que inundaron el 20% de su territorio, un área equivalente a las regiones de Valparaíso, Metropolitana, O'Higgins, Maule, Biobío, La Araucanía y de Los Lagos bajo el agua.

Mientras cientos de miles de millones de dólares se ocupan en reparar los daños asociados, los científicos anticipan una mayor prevalencia de varios de estos fenómenos. Y en paralelo, los economistas empiezan a incorporar los desastres naturales como parte de una nueva normalidad.

A un terremoto que derribó 1.000 edificios y mató a decenas en China el jueves, siguió el maremoto en Japón, y una sucesiva erupción volcánica en Indonesia.

Pero quizás la mayor prevalencia proviene de los fenómenos de orden climático, como las lluvias torrenciales que recientemente dejaron estragos en el noreste de Australia por un costo estimado de US$ 1.000 millones. "Con los patrones climáticos haciéndose cada vez más impredecibles y extremos, costos de esta magnitud podrían hacerse comunes en todas las partes del mundo, a menos que cambiemos de manera urgente la forma en que pensamos y reaccionamos antes los desastres", dijo en enero la representante de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres, Margareta Wahlstrom.

"Los científicos están apoyando la idea de que vamos a estar viendo estos desastres en diferentes partes del mundo en forma bastante permanente", comenta Guillermo Calvo, economista de la Universidad de Columbia.

Según varios trabajos del economista de Harvard Robert Barro, la ocurrencia impredecible de grandes desastres causan mayor volatilidad económica. Medido su efecto como gasto social, Barro concluye que éste sube a un 20% del PIB cuando hay desastres, frente al 15% del PIB que representan como gasto social las fluctuaciones del ciclo económico normal.

Esta nueva normalidad no sólo se traduce en enormes daños a reparar, sino que explican en parte el alza de la inflación en el mundo en meses recientes (aunque sin ser ésta la única razón). "El efecto de estas catástrofes, como inundaciones, sequías y huracanes en distintas partes del mundo ha hecho que los alimentos escaseen y su precio suba; desde el punto de vista de la oferta esto es bastante permanente y parece que no desaparecerá de la noche a la mañana", añade Calvo.

Las observaciones hechas por los economistas del FMI David Hoffman y Patricia Brukoff confirman esta tendencia: si entre 1950 y 1969 había poco más de 20 catástrofes naturales significativas en el mundo por año, en los 90 esa cifra se había casi quintuplicado. En respuesta, la industria aseguradora se multiplicó por 12 veces entre el 50 y 2005, con pérdidas cada vez más abultadas.

De acuerdo a Howard Kunreuther y Erwann Michel-Kerhan, de la Escuela Wharton de la U. de Pensilvania, el costo de las catástrofes naturales aumentó casi 40 veces entre 1970 y 2005.

Conforme las sociedades prosperan, las pérdidas también aumentan ante un mismo shock. Pero buena parte de los costos tiene que ver con que los fenómenos catastróficos efectivamente están haciéndose más frecuentes e intensos.

"En los 70, había en el mundo un promedio de 10 huracanes al año de categoría 4 y 5 (vientos de 210-249 km/hr y más de 250 km/hr, respectivamente)", dice un trabajo de Peter Webster, académico del Instituto Tecnológico de Georgia. "Entre 1990 y 2005 estos huracanes casi se duplicaron, promediando 18 al año", dice el artículo, publicado en Science.

Así, 10 de las 20 mayores catástrofes registradas en 1970-2005 ocurrieron en el corto lapso de 2001-05, dicen los economistas de Wharton. Y de esas 10, sólo una fue causada directamente por el hombre: el ataque a las Torres Gemelas.

El costo total computado por ellos (excluyendo de la muestra de 20 casos el ataque terrorista) fue de US$ 185.000 millones, y un 52% se materializó en el breve período de 2001-05.

Más allá de las pérdidas directas, existe bastante documentació que confirma que la recuperación suele ser más rápida de lo prevista inicialmente tras una catástrofe. En una columna escrita en 2005 en el Wall Street Journal tras el maremoto en Indonesia, el premio Nobel Gary Becker destacaba que "los efectos económicos duraderos son pequeños para la mayoría de los desastres naturales que han ocurrido durante las dos últimas centurias". Una máxima que el terremoto en Chile del año pasado confirmó.

Aunque los economistas recién empiezan a estudiar las implicancias de las catástrofes más frecuentes, donde sí parece haber un efecto más persistente -y literatura lo demuestra- es en las consecuencias derivadas de desastres viculados al cambio climático.

La mayor frecuencia de huracanes, inundaciones y sequías y su impacto sobre los alimentos empiezan así a contradecir una famosa frase de Amartya Sen (Nobel de Economía en 1998): "La hambruna es la característica de alguna gente que no tiene suficientes alimentos que comer. No es la característica de que no haya suficientes alimentos que comer".

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Aragua se prepara en materia de desastres naturales

Ante las catástrofes que se han reportado recientemente a escala mundial por los movimientos telúricos, Venezuela y en especial Aragua, se preparan para enfrentar la fuerza de la naturaleza si llegase a ocurrir un terremoto o tsunami, en vista de que su población no está preparada para este tipo de eventos, que deben trabajarse bajo organización durante y después de un desastre.

Es vital resaltar, que esta posibilidad no es una utopía, dado que 80% de la población venezolana vive en zonas de alta amenaza sísmica, la cual se incrementa a medida que se eleva el índice demográfico, las inversiones en infraestructura y la proliferación de localidades sin planificación, de acuerdo a los pronósticos de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis).

En la nación desde la fundación de los primeros asentamientos coloniales reportados en el siglo XVI se han sufrido los efectos de los terremotos, debido a que existe una franja de aproximadamente 100 kms. De ancho, definida a lo largo de los sistemas montañosos de Los Andes y las Cordilleras Central y Oriental, lugares en los que se ubican los principales sistemas de fallas activas del país: Boconó, San Sebastián y El Pilar, respectivamente.

Adicional a estas fallas, se encuentran los sistemas activos menores, como lo son: Oca-Ancón, Valera, La Victoria, Urica y Güiria, también capaces de producir sismos importantes. Cabe reseñar, que estas últimas han estado inactivas durante décadas, sin embargo por el crecimiento exorbitante de la población esta realidad podría cambiar en cualquier momento, por lo que es esencial la preparación de la ciudadanía.

DOS FALLAS

De las 14 fallas que perjudican a Venezuela, dos afectan directamente al estado Aragua, entre ellas: San Sebastián, con una magnitud sísmica similar a la fallas de Boconó y El Pilar, sin contar La Victoria, con un sistema activo menor, pero también capaz de producir sismos importantes en toda la geografía del estado, ya que lo atraviesan casi en su totalidad.

Ante esto, Orlando Campos, secretario de Prevención y Seguridad Ciudadana, indicó que a pesar de la alarma mundial que se vive tras la catástrofe de Japón, hasta los momentos todo se mantiene en normalidad en el país, sin embargo no está de más que la ciudadanía se prepare adecuadamente para cualquier situación similar, “estamos abiertos a la capacitación de todas las localidades y más para eventos telúricos que no escapan de nuestra realidad”.

Sismos Vs. Terremotos

Generalmente se utiliza la palabra “sismo” o su equivalente “temblor” para indicar movimientos leves en la tierra y la connotación “terremoto” para los que se sienten con mayor intensidad. Aclarado este punto, se encuentran los maremotos, eventos que a pesar de que ocurren en el mar, generalmente se derivan del mismo fenómeno que expone el origen de los sismos, llegando a veces a desbastar poblaciones enteras con su manifestación más temible conocida como tsunami (del japonés tsu= bahía y nami=onda).

Recomendaciones

Antes

 Identifica el lugar más seguro en los sitios que frecuentes (debajo de las vigas, escritorios, pupitres, mesas).

 Identifica las vías de escape más seguras y mantenlas despejadas.

 Coloca los interruptores de los servicios de gas, electricidad y agua en un lugar seguro y accesible para cortarlos rápidamente.

 Fija todo objeto que pueda caer o rodar peligrosamente.

 Escoge un sitio de encuentro para reunir a toda la familia después de la emergencia y un número telefónico fuera del área para comunicarse.

 Prepara tu morral o equipo de emergencia familiar.

 Mantenga una reserva de agua potable, alimentos y bebidas.

Durante

 Lo primero: Mantente calmado.

 No corras. Los terremotos suelen durar pocos segundos.

 Ubícate en el lugar cercano más seguro, debajo de estructuras o muebles fuertes.

 Aléjate de los objetos que puedan caer, deslizarse o quebrarse.

 Protege tu cabeza colocándola entre rodillas y cubriéndolas con ambas manos.

 Protege a las personas vulnerables.

 Ayuda a calmar a los demás. No grites.

 No uses los ascensores.

Después

 Revisa si hay desaparecidos o personas en peligro y ayúdalos.

 Ayuda y anima a niños, ancianos y discapacitados; evita dejarlos solos.

 Dirígete ordenadamente con los demás a un lugar seguro, preferiblemente al aire libre.

 Si quedaste atrapado y/o herido, mantente sereno y trata de comunicarte con otras personas.

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Expertos temen llegada de una lluvia radiactiva


Tokio- .Se espera para hoy. Especialistas aconsejan a la población no salir a las calles o hacerlo con protección.

El material radiactivo de una determinada magnitud es dañino para la salud e incluso mortal.

Los expertos japoneses temen que el material radiactivo que se desplazó en forma de vapor contaminado hacia aguas del Pacífico, tras los daños que provocó el terremoto y tsunami en la central nuclear de Fukushima, pueda llegar a tierra con una lluvia que se espera para hoy.

Según el biólogo italiano Matteo Guerrini, del Consejo Nacional para la Investigaciones, quien vive hace ocho meses en Tokio, ese riesgo fue reportado por la televisión japonesa.

"Los expertos aconsejan a los japoneses no salir a las calles, o hacerlo con protecciones e higienizar el rostro y las manos, como así también lavar las verduras de cultivo abierto", remarcó Guerrini, citado por la agencia Ansa.

"El dato más significativo difundido por la televisión es la salida de vapor contaminado de las centrales dañadas", sostuvo el experto y advirtió que "se prevén lluvias para mañana (hoy)".

Consecuencias de la exposición

Las emisiones radiactivas de una determinada magnitud son dañinas para la salud e incluso mortales, ya que pueden destruir las células.

Los daños son diferentes y dependen de la duración, el tipo y la fortaleza de la radiación. Los expertos diferencian entre daños agudos y consecuencias posteriores.

Una baja dosis de radiación puede ya cambiar la herencia genética y desencadenar cáncer a largo plazo. Los científicos debaten qué dosis de radiación puede provocar esos daños.

Especialmente la leucemia y los cánceres de tiroides, de pulmones o de pecho son consecuencias posibles posteriores.

Sin embargo, los daños menores de la herencia genética pueden superarse.

La exposición a dosis más altas de radiación provoca sin embargo fiebre, malestar, quemaduras de la piel y la región bucal, así como caída del pelo, hemorragias internas y en el peor caso, la muerte.

Las consecuencias de una radiación de gran parte del cuerpo o de todo el organismo se denominan enfermedades por radiación. La intensidad de la emisión se mide normalmente en gray (Gy), que indica la medida de radiación absorbida por el tejido.

A partir de un gray, el cuerpo reacciona relativamente rápido con malestar, fiebre y diarrea. Si afecta a la médula ósea puede haber hemorragias e infecciones.

Una dosis superior a cinco grays afecta sobre todo al tracto intestinal, aunque con un tratamiento adecuado los afectados pueden recuperarse. En el caso de una radiación a todo el cuerpo con más de seis Gy, las opciones de supervivencia incluso con un tratamiento adecuado son bajas.

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Nueva Jersey: Inundaciones siguen siendo una amenaza

El curso del agua tras la intensa lluvia al norte de Nueva Jersey se aleja poco a poco, pero las inundaciones siguen siendo una preocupación.

El río Passaic creció la noche del sábado, pero ha disminuido. Kristin Kline, una especialista del Servicio Meteorológico Nacional en Mount Holly, dijo el domingo que el río subió a cuatro metros sobre el nivel de inundación en Little Falls, y cerca de tres metros por encima del nivel de inundación en Pine Brook. La inundación no fue tan grave como se preveía, pero aún se considera importante.

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