28 mar. 2012

Cambio climático amenaza fauna de Galápagos



Investigadores aseguran que la llegada de más turistas y las especies invasorAs como las ratas acabarán con las especies endémicas

Un aumento de especies "invasoras" como la avispa y la mora, y el colapso de las colonias de iguanas y pingüinos son algunos posibles efectos del cambio climático en las Islas Galápagos, dijeron expertos, que alertaron de que la presencia humana agravará los problemas.

Galápagos es un lugar especial por la confluencia de corrientes marinas de temperaturas diferentes, lo que permite la coexistencia de pingüinos y lobos marinos, preparados para el frío, con corales ecuatoriales y tiburones martillo, por ejemplo.

Aisladas al estar a mil kilómetros de la costa ecuatoriana, sus especies cambiaron para adaptarse a condiciones climáticas muy específicas y se convirtieron en especies únicas, que inspiraron a Charles Darwin a escribir su teoría de la evolución.

No obstante, los cambios en el clima planetario modificarán esas circunstancias en las que se desarrollaron animales y plantas endémicos, lo que supondrá una grave amenaza para su supervivencia, afirmaron hoy varios expertos en una conferencia en Puerto Ayora, la ciudad más grande del archipiélago.

Entre ellos estaba Nicholas Stern, ex economista jefe del Banco Mundial y una de las voces más escuchadas en el debate sobre cambio climático a nivel mundial.

El economista británico advirtió que el aumento "espectacular" de la presencia humana en las islas amplificará el impacto del calentamiento global y sugirió limitar el número de visitantes.

"Ustedes no pueden asumir que en los próximos 10, 15 ó 20 años suministrarán o podrán suministrar los maravillosos servicios turísticos para todos los que quieran venir (a Galápagos). Me parece que la cuestión de cuántos (turistas) es simplemente inevitable", dijo Stern a una audiencia compuesta por funcionarios, trabajadores del parque y residentes.

El Parque Nacional Galápagos ha restringido el número de visitas a algunos lugares de especial interés, pero no hay tope al volumen de turistas que entra a las islas, informó una portavoz de esa entidad.

Hace unos 30 años llegaban a sus costas unos 20 mil visitantes al año, mientras que ahora son 180 mil, que generan importantes recursos para el Estado ecuatoriano.

Del mismo modo, los residentes se han incrementado de unos mil 300 en 1950 a 25 mil en 2010, según datos oficiales.

El aumento de la presencia humana también ha incrementado la entrada de especies invasoras, como las ratas, la mosca de la fruta, el caracol africano y la hormiga cabezona.

Los científicos prevén que el calentamiento global traerá más lluvias a las Galápagos, las cuales perjudicarán a los bosques de cactus opuntia y a las tortugas gigantes que dan el nombre a las islas.

"Los cambios en la temperatura abren la ventana o la oportunidad a especies nuevas" que pueden desplazar a las endémicas, alertó en la conferencia Stuart Banks, director de la Estación Científica Charles Darwin, dedicada a la investigación de la vida en las islas.

Banks cree que las condiciones atmosféricas futuras se parecerán más a las ocurridas durante "El Niño", un fenómeno climático generado por un calentamiento del agua superficial en el Océano Pacífico, el cual también será más intenso y frecuente.

Las Galápagos lo sufrieron a principios de la década de los ochenta y finales de la década de los noventa y las consecuencias fueron "devastadoras", según un informe elaborado por organizaciones no gubernamentales, el Ministerio del Ambiente y el propio parque.

Entonces murieron un 90 % de las iguanas marinas, un 50 % de los lobos marinos y un 50 % de los cormoranes no voladores, mientras que las focas perdieron a casi todas sus crías.

Además, la población de pingüinos de Galápagos cayó un 75 % y con mil parejas actuales aún no se ha recuperado, explicó Eliecer Cruz, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), una organización no gubernamental.

Luis Suárez, director ejecutivo de Conservación Internacional, sugirió reducir las áreas donde se permite pescar para dar al ecosistema un espacio más amplio donde recuperarse tras un fenómeno climático extremo.

No obstante, a ello se oponen los intereses pesqueros, en nombre de la especie invasora más peligrosa de todas, el ser humano.

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