16 feb. 2012

Emergencia en Cochabamba por inundaciones en 10 municipios



Ch’ampa Rancho, La Maica Chica en Cercado e Itapaya y Tajra en el Valle Bajo se suman a las zonas afectadas en el Departamento por el desborde de los ríos La Tamborada y Tapacarí, respectivamente sumando a once los municipios golpeados por las riadas.

En Ch’ampa Rancho por lo menos ocho casas se derrumbaron. Eran cerca de las once de la noche del martes 14, cuando el caudal del río Tamborada inundó la zona de Ch’ampa Rancho, convirtiendo la avenida Eduardo López (camino a Zofraco) en un río.

Matilde Rocha se despertó sobresaltada por el sonido de la sirena del barrio, era una señal de alerta. Su habitación todavía estaba seca, pero cuando salió al patio el agua lo anegaba y, a los pocos minutos, el nivel había superado el metro de altura. La situación fue similar para todos los vecinos del lugar. Rocha cuenta que en la madrugada se quedaron sin luz por una hora, el temor les invadió y pensaron en lo peor.

La familia Heredia lo perdió todo. Los muros de su casa de adobe se desplomaron y el techo del tinglado de su patio amenaza con desplomarse. Sus refrigeradores ayer flotaban en el agua que en el domicilio llegaba hasta el metro y medio de altura. Una de las camas fue rescatada del lote vecino. Sus prendas de vestir quedaron llenas de lodo y los seis niños de la casa perdieron sus uniformes y material escolar.

Los billetes flotaron, lo mismo que los documentos de propiedad de sus vehículos y, en la confusión, el agua se los llevó.

En un recorrido por la avenida, las historias se repiten, las familias aprovecharon la presencia de las volquetas de la Alcaldía para evacuar sus pertenencias. Incluso un árbol de la acera sirvió para resguardar un colchón de paja) y las sillas de una de las viviendas afectadas.

Los vecinos de Ch’ampa Rancho pasaron la noche en vela. Rosemary Vargas dijo que hasta el mediodía de ayer no habían tomado ni un vaso de agua. Su familia fue doblemente perjudicada, primero por el agua que ingresaba por la avenida y también porque el agua del colegio Eduardo López llegaba a su casa remojando el muro divisorio de adobe. La riada también se llevó sus conejos y los huevos de los corrales.

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