11 abr. 2011

En tiempo de desastres

Los enfoques de las Ciencias Sociales fijan su atención sobre aproximaciones científicas que apuntan a una visión interdisciplinaria del manejo del desastre y hacen énfasis sobre el trauma o estrés que produce en la sociedad.

Hoy, gracias a la creciente influencia de los medios de comunicación, la población mundial percibe el futuro con sensación de inestabilidad, angustia e inseguridad, convencidos de que fenómenos naturales de gran magnitud destruirán nuestro entorno. Bajo el auspicio de los medios de comunicación globalizados, se divulga información especializada a través de un justificable lenguaje mitigador de la tragedia, salvo excepciones, como si se tratase de un fenómeno solo ‘preocupante’, ‘de menor cuantía’, ‘de calma racional’ o de un asunto que depende de la labor eficiente de las autoridades, de la generosidad del corazón de la ciudadanía y de la solución creativa del problema por parte de los ingenieros.

Sin embargo, frente a la magnitud del fenómeno natural no predecible persiste esa sensación de impotencia, miedo, resignación y reconciliación espiritual. Nos consolamos al transferir la causa de las catástrofes naturales a la voluntad divina o a la incapacidad tecnológica de predecir tales eventos. Culpamos a los diseñadores y ejecutores de proyectos urbanísticos, agroindustriales, turísticos y a los genios que inventan megaestructuras energéticas radioactivas, mineras y petrolíferas que obnubilan el futuro de todos.

Estas catástrofes se repiten, como si formaran parte de un ‘cronograma geo-cósmico natural de devastaciones cíclicas’, casi como cumplimiento de las predicciones mayas del fin del mundo. Esta realidad conmociona, provoca lágrimas de tristeza y conmiseración para con las víctimas, salvo excepciones, como los 33 mineros de Chile cuyo desenlace final generó alegría por el aparente triunfo del hombre sobre las consecuencias de la depredación de las profundidades de la madre tierra.

Los huracanes en el Caribe y Centroamérica, con sus inundaciones y deslaves, el huracán Katrina, el tsunami de Sumatra, el devastador terremoto en Haití y ahora, el funesto terremoto–tsunami radioactivo en Japón, representan algunas de las tragedias de gran magnitud que han impactado recientemente y sin misericordia a la humanidad. A éstas se suman las tropicales calamidades panameñas que nos han hecho despertar de un sueño de inmunidad geográfica a una pesadilla, desde el momento en que nos hemos visto obligados a aceptar la pérdida de calidad de nuestra agua, que no es ‘la mejor del mundo’, como hemos afirmado con falso orgullo, y que somos tan vulnerables como cualquier otro país bajo la furia de un sin número de inundaciones en nuestras ciudades y comunidades rurales.

Los dilemas de la prevencion

Actualmente, los efectos de los desastres naturales sobre la estructura socioeconómica y las organizaciones humanas, nos ubican, una vez más, frente al gran dilema de las relaciones entre la sociedad en general y el medio ambiente, al cual, se afirma, hay que dominar a través de la magnificencia creada por la tecnología humana.

De allí que los países más desarrollados han hecho ingentes esfuerzos por edificar una sólida organización antidesastres y de protección civil para salvaguardar a sus ciudadanos de calamidades, incrementando los sistemas de prevención y alarma, atención de emergencias y apoyo de reconstrucción posterior al desastre.

A través de estudios, investigaciones e inversiones sustantivas se vienen estructurando propuestas con base a la identificación de las causas y consecuencias de estos fenómenos, diseñando las políticas públicas urbanísticas y rurales, de preservación del medio ambiente y la biodiversidad, disminución y control de la contaminación, disposición y manejo de la basura, drenajes, etc., antes irrelevantes.

Los países caribeños, en especial las Antillas, prestan mayor atención a su realidad histórica, cultural y natural, vinculada a los huracanes atlánticos, para lo cual han puesto en práctica mecanismos interdisciplinarios de cooperación, tendientes a mitigar, en su concepción integral, el flagelo de sus recurrentes ciclones.

En función de esa proyección preventiva, están afiliados a organizaciones dedicadas a mitigar la envergadura del impacto de los desastres, como el Centro Regional de Información sobre Desastres (CRID), se adhieren a entidades como el BID – CEPAL y otras, para la realización de seminarios, capacitaciones, actividades orientadas a perfeccionar la administración del socorro, prevención del desastre, control de suministro, epidemiología, ingeniería, reconstrucción, etc.

Sin embargo, aún hay países tercermundistas que no han experimentado directamente estas funestas vivencias y no cuentan con estudios e investigaciones que suministren información e insumos científicos a los gestores y organizaciones que deben divulgar, anticipadamente, medidas de prevención, respuesta inmediata y tratamiento a estas situaciones. Se trata de un asunto de cultura general, de historia, formación, conciencia y hasta de respeto del concepto de cooperación y, por ende, de salvaguardar la vida misma.

Los enfoques metodologicos

Los estudios relacionados con los desastres naturales han sido objeto de diversos enfoques metodológicos. Veamos.

Algunos se enfocan en la prevención, que muchas veces se puede evitar a través del conocimiento de la resistencia de las estructuras de viviendas y edificios, puentes, vigas, esclusas del Canal de Panamá. ¿Existe algún plan o proyección operativa de prevención y auxilio frente a un mega fenómeno?

Otros se centran en la reconstrucción y atención de damnificados. Ello requiere de una compleja y coordinada capacitación humana y de infraestructura, lo cual implica disponibilidad presupuestaria. ¿Hay medidas de contingencia y personal capacitado para responder a tales requerimientos?

Hay enfoques políticos que analizan situaciones propiamente nacionales o internacionales como actitudes individuales estructuradas para ganar adeptos. ¿Estamos políticamente, en el sentido generoso del término, preparados para enfrentar una situación de emergencia y culturalmente solidarios ante tales eventos?

La crisis del petróleo es otro enfoque analítico que involucra sus lógicas secuelas económico-sociales. ¿Estamos listos para enfrentar, sin traumas, la falta o ausencia de crudo frente a una catástrofe provocada por humanos o por la naturaleza?

Los enfoques de las Ciencias Sociales fijan su atención sobre aproximaciones científicas que apuntan a una visión interdisciplinaria del manejo del desastre y hacen énfasis sobre el trauma o estrés que produce en la sociedad.

Los comportamientos humanos, durante y después del desastre, están en correspondencia con su magnitud, en sí mismos, impredecibles, cuyas secuelas pueden desencadenar diferentes reacciones y comportamientos, como la fuga, inmovilidad, apatía, depresión, docilidad, dependencia, rabia, agresión, euforia, ausencia de valores, etc., dentro de un contexto psico-social y un entorno socioeconómico, no indiferente a las ciencias sociales.

El Sistema de Protección Civil de Panamá (Sinaproc) tiene la última palabra.

Es importante registrar también la manera como los medios de comunicación social deben manejar estos hechos para evitar incrementar los miedos, la incertidumbre ante lo impredecible, la impotencia y reacciones a futuro, que dificultan concretar una respuesta racional a estos peligros naturales.

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