26 sept. 2011

El cambio climático y su impacto


” Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado. Nunca ha olido una flor. Nunca ha contemplado una estrella. Nunca ha querido a nadie. Nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día diciendo, como tú: “Soy un hombre serio! Soy un hombre serio! “Lo que le hace hincharse de orgullo. Pero esto no es un hombre, es un hongo!”. Antoine de Saint-Exupéry

Continuamente se manifiestan en el planeta Tierra sucesos alarmantes, que muchas veces se desencadenan en terremotos, maremotos, contaminaciones que han incidido significativamente en el cambio climático y esto constituye una seria amenaza que ya han muertos miles de personas y no se sabe aún, que puede pasar con todas estas afectaciones que han incidido en el clima.

Según expertos de la ONU, el mundo no es consciente de las graves consecuencias que supone el cambio climático por el agua. Es necesario que reforcemos nuestra protección de los recursos hídricos para evitar futuros conflictos.
Ante esta realidad de los efectos del cambio climático, un total de 121 países y 3.400 ciudades se han adherido a “La Hora del Planeta”, una iniciativa creada por Camine Ridley y que se estrenó en Sydney (Australia) hace tres años para concienciar sobre el cambio climático. Los que le apoyan, se comprometen a apagar luces y electrodomésticos durante una hora. Esta acción se llevará a cabo el sábado 27 de marzo y los últimos en apuntarse han sido el Estadio Bernabéu, en Madrid, y el de Mestalla, en Valencia.

No debe sorprendernos como comenta Diego Griffon, que hoy se hable de Solastalgia. Esta palabra expresa el dolor que se experimenta cuando existe la creencia de que el lugar en el que uno vive y ama está bajo una inminente amenaza. Sin embargo, es precisamente en este sentimiento, sufrido por tantas personas, donde descansa la esperanza de nuestra especie.

El dogma neoclásico está tan profundamente arraigado en sus mentes, que verdaderamente piensan que esta situación puede ser solucionada sin cambios radicales. No hay que menospreciar la fe que la “sociedad occidentalizada” tiene a sus dioses: la todopoderosa ciencia y la eficiente mercado. El dogma dice que ellos nos brindarán la solución. Esta es una peligrosa ilusión,

Nos añade Griffon, que en cuanto al cambio climático hay dos niveles que debemos discutir y enfrentar.

En un primer nivel tenemos que establecer claramente cuál es el responsable directo del problema. En este caso no es otro que el sistema económico mundial. Este sistema consigue reducir a todas las personas a simples consumidores, desconociendo de esta manera las complejidades inherentes a cualquier ser humano. En el marco de la lógica neoclásica, se reduce la complejidad del ser humano a una morisquetas conocida como Homo economicus y se asume que las necesidades materiales de la sociedad son infinitas, por lo que el mercado tiene que ofrecer infinitos productos . Esto, como ya se ha comentado, plantea el dilema básico de este marco teórico. Sin embargo, también es importante apreciar que esta lógica irremediablemente implica producir incrementadas cantidades de desechos, desechos que son fundamentalmente tratados como externalidades. De esta manera el sistema privatiza los beneficios, mientras que socializa los problemas ambientales. Esto es algo que la economía ecología ha demostrado elocuentemente.
El primer nivel es tan obvio que resulta insólito que todavía haya dudas al respecto. El segundo nivel (más importante aún) no es para nada tan obvio. El segundo nivel que tenemos que afrontar son las jerarquías.

“La eliminación de esta lengua de hielo podría reducir el nivel de salinidad en el océano y afectar el ciclo de vida en el fondo del mar”, dijo Rob Massom, uno de los científicos responsables de la División Antártica Australiana, a la agencia Reuters. Según Mario Hoppema, oceanógrafo del Instituto Alfred Wegener para la Investigación Polar y Marina de Alemania, “como consecuencia de este fenómeno, puede haber áreas oceánicas que pierdan oxígeno y, consecuentemente, muera la vida marina que hay allí “.

El iceberg B-9B es lo que queda de otro mayor, de 5.000 kilómetros cuadrados, que se desprendió en 1987, convirtiéndose en una de las masas de hielo de la Antártida . Este gigantesco iceberg estuvo a la deriva en dirección oeste antes de encallar en 1992. Recientemente, se soltó, quedando junto al Mertz.

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