22 mar. 2012

Costa Rica tendría dos veranos y dos inviernos en el 2040



En el 2040, el cambio climático provocará que Costa Rica tenga dos veranos y dos inviernos y, además, incrementará el riesgo de inundaciones y sequías en diversos sectores del país.

Así lo advierte un estudio elaborado por el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual fue presentado ayer.

De acuerdo con la investigación, ese año meteorológico arrancaría con una estación seca entre enero y abril, seguiría con un corto período de lluvias en mayo, luego tendría como novedad un segundo verano entre junio y agosto, y acabaría con aguaceros a partir de setiembre.

El informe también señala que las costas costarricenses se verán sometidas a climas extremos durante ese año y urge a tomar acciones para enfrentar una eventual falta de agua en cantones como San José y Parrita.

Dicha situación ocurría debido a variaciones en el patrón de lluvias y a un aumento de la temperatura, lo cual ocasionaría una disminución de las precipitaciones entre junio y agosto.

A dicha conclusión llegaron los investigadores tras analizar la tendencia en los registros históricos del país y en simulaciones de 20 modelos globales que utilizan diferentes escenarios de emisiones de carbono, las cuales causan el cambio climático.

“Estamos dándole a la sociedad costarricense una serie de instrumentos de planificación para la adaptación al cambio climático y este es el momento oportuno”, comentó Juan Carlos Fallas, director del IMN.

Pacífico y Caribe. El fenómeno impactará de manera diferente a las dos vertientes del país.

Mientras los meses de junio a agosto será soleado en el Pacífico con una reducción del 15% en las lluvias, las precipitaciones en el Caribe aumentarían entre el 35 y 75% en el mismo período.

“La intensificación de los vientos alisios durante el trimestre junio-agosto explicaría el aumento de precipitación en el Caribe y la disminución en el Pacífico.

“Los vientos soplan del norte-noreste, dejando la humedad en la cordillera de Talamanca y la Volcánica Central. El viento seco pasa hacia el Pacífico, impidiendo que penetren los vientos húmedos del suroeste”, destaca el estudio.

Asimismo, el informe dice que otro elemento de cambio es la disminución en la frecuencia de frentes fríos durante los meses de noviembre a febrero, la cual sería el factor responsable de la caída de las precipitaciones en el Caribe.

A raíz de esto, los climas más extremos afectarían el golfo de Papagayo y la península de Santa Elena en el escenario seco, así como Limón en el escenario lluvioso.

Consecuencias. Este análisis de riesgo contempló tanto las amenazas como las vulnerabilidades.

En este sentido, cantones que carecen de infraestructura, servicios y condiciones humanas son más propensos a sufrir los embates de los climas extremos.

Cantones como Limón, Matina, Guácimo y Pococí podrían sufrir inundaciones mientras que Parrita, León Cortés, Dota y Tarrazú tendrían un alto riesgo de sequía.

Según Luiza Carvalho, del PNUD, el efecto del cambio climático ya se percibe en el país. Hoy, cantones como Upala, Los Chiles y Guatuso van a vivir sequías e inundaciones en un mismo año.

Frente a este panorama, los investigadores advierten que la disponibilidad de recurso hídrico para consumo humano y riesgo agrícola resultará clave.

“Los indicadores de potencial hídrico y densidad de población son los que empeoran su registro hacia el 2030. Es básicamente un problema de crecimiento demográfico, concentración residencial y disminución del potencial hídrico”, señala el informe.

En ese sentido, Roberto Villalobos, coordinador del proyecto, sostuvo que se requiere invertir en mejoras de infraestructura, servicios y condiciones humanas de los cantones con mayores dificultades para adaptarse al cambio climático.

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