31 ene 2011

2011: el clima se hará sentir con más fuerza


Terremotos, olas de calor, inundaciones, deslizamientos, sequías, tifones y tsunamis mataron en el mundo a más de medio millón de personas en los últimos 14 meses.

La tromba de viento y agua golpea duramente al auto. El granizo agujerea la chapa. La visibilidad es nula. Sólo se puede avanzar tomando como referencia las balizas del auto anterior. El ruido es insoportable. El agua comienza a cubrir el asfalto. Un rayo cae sobre una estructura de lo que fue una vieja subestación de trenes.

La explosión se observa no muy lejana y letal. El cielo está completamente negro. El viento ya parece superar los 70 u 80 kilómetros por hora. La cabina del auto es un infierno para los cuatro integrantes de la familia que viajan en el interior. A los conductores les cuesta mantener el rumbo de los vehículos. Es alrededor del kilómetro 200 de la ruta 2 el domingo 16 de enero con decenas de miles de autos yendo y viniendo de las vacaciones.

Una estación de servicio repleta se convierte en un pequeño respiro. Un empleado veterano que trata de cubrirse debajo de un alero se toma un instante para reflexionar: "¡Estas tormentas nos van a matar a todos! Es la tercera o cuarta de este año y cada vez son peores".

Y no es que las tormentas de estas características no hayan azotado desde siempre la Pampa argentina, sino que cada vez son más frecuentes y más intensas. Un fenómeno que se extiende por todo el planeta, que marcó 2010 como el de mayores catástrofes naturales en un siglo y que predicen para el 2011 un año en el que vamos a vivir peligrosamente.

Terremotos, olas de calor, inundaciones, deslizamientos, sequías, tifones y tsunamis mataron en el mundo a más de medio millón de personas en los últimos 14 meses. Es decir, que en este período murió más gente por los desastres naturales que por ataques terroristas en los pasados 40 años.

Sólo en las últimas semanas se produjo "la peor tragedia de la historia de Brasil" cuando unas inéditas lluvias sacudieron los estados de Río y San Pablo dejando al menos mil muertos. Llovió ocho días seguidos con una intensidad inédita.

Pero nada nuevo en un territorio acostumbrado a recibir los coletazos de las tormentas del sistema del Amazonas. La diferencia, ahora, es que las débiles laderas de los morros están abarrotadas de gente que vive en viviendas de las más precarias. El resultado es que los deslaves sepultaron a centenares.

"Es eso, el calentamiento global produce una mayor capacidad de agua en la atmósfera y esto provoca que las lluvias se hayan incrementado en todo el planeta", explica el investigador del Conicet argentino, Vicente Barros, que forma parte también de uno de los grupos de trabajo del IPCC, el panel intergubernamental de las Naciones Unidas para el cambio climático.

"Estamos viendo cómo estos fenómenos van aumentando su intensidad y creemos que esa característica se va acentuar en los próximos meses", dijo.

Y no son sólo inundaciones. Enormes olas de calor y de frío sacuden constantemente al planeta. Estados Unidos y Europa quedaron paralizados por la nieve que cayó en cantidades récord inmovilizando el tráfico aéreo y terrestre.

"La Tierra está respondiendo a las malas decisiones de los humanos", asegura Debarati Guha Sapir, del Centro de Investigaciones de Desastres de la Organización Mundial de la Salud. "Hemos creado una condiciones tan dañinas para el medio ambiente que ante el menor fenómeno la naturaleza nos contesta con un impacto inusitado".

En Argentina, el fenómeno es cada vez más evidente. Las tormentas que antes se desataban en una región en temporadas muy claras y marcadas ahora tienen una mayor frecuencia e intensidad.

"Hace 50 años teníamos tormentas de granizo con piedras del tamaño de un huevo de gallina cada cinco años y en zonas aisladas. Ahora, casi todas las tormentas vienen acompañadas de granizo", comenta Carlos Eschoyez, director del servicio Infoclima que asesora a productores agropecuarios de todo el país y ex meteorólogo de los aeropuertos de Ezeiza y Aeroparque, con 50 años de experiencia.

"Uno de los fenómenos más marcados en nuestro país es que las trayectorias de las masas de aire se fueron desplazando hacia el norte. Fíjese que ya casi no sopla el viento Pampero. Son escasas las corrientes que se desplazan desde la zona patagónica. Y esto hace que no se registren esos vientos que la gente decía que 'limpiaban'. Si a esto le sumamos la enorme cantidad de humedad que permanece en la atmósfera nos encontramos ante esas tormentas que parecen apocalípticas. Son las mismas de siempre, pero extremas", agrega.

Buena parte del clima del planeta está regido por los caprichos de las corrientes de agua del Pacífico denominadas El Niño y La Niña, cuyos efectos son los que marcan las oscilaciones en la Argentina.

En este momento estamos regidos por La Niña, con la diferencia de presiones más marcadas, los vientos alisios soplan con más fuerza y las corrientes frías del Pacífico se intensifican.

"La transición entre estas dos corrientes se realizó en forma muy rápida en mayo pasado. Cada vez que ocurrió esto en los últimos 50 años, se acentúan los fenómenos de sequía o inundación, pero esta vez fue de una intensidad extrema. Acabó con la sequía australiana de 10 años en apenas unas semanas e inundó buena parte del país. Creo que vamos a ver una Niña muy caprichosa en los próximos meses y años", opinó Kevin Trenberth, uno de los científicos más importantes del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas (NCAR) del estado de Colorado.

"La tendencia que vemos es de precipitaciones de valores inferiores a los normales en toda la zona central del país", explica Roberto Deruiver del Instituto de Clima y Agua del INTA.

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